Lo que me encontré en el perfil de Mina

Soy Un Perdedor

Cotilleando en el perfil de Mina descubrí muchas cosas.

Que todavía se hacía fotos con la camisa de cuadros que yo le había regalado.

Que en su cuarto sigue colgado un poster de una película que yo le regalé .

Que la película es Johnny Guitar.

Que Mikel le sigue dejando likes en las fotos.

Que Mina aún le impone a las noches su costumbre de insomnio.

Que se hace selfies cuando está borracha y que las cuelga a altas horas de la mañana.

Que aún cita frases del autor de cuyo libro hice la crítica.

Que sigue sin trabajar o trabajando muy poco.

Que aún tiene los ojos del mismo color indefinible.

Que sigue dejando una pila de libros en su mesilla de noche.

Que sigue llevando las uñas sin pintar y rotas. Que sigue teniendo aquellas manos de decadencia, inútiles como objetos de arte y expresivas como garfios. Tan blancas que parece que no les llegue la sangre escasa.

Que sigue llevando suelto y lacio el cabello castaño, y que le alarga demasiado el óvalo demacrado del rostro.

Que sigue conservando intacto el paisaje desordenado de su apartamento lleno de trastos.

Que reconozco con alegre angustia cada detalle de los cuadros, de las paredes, de las estanterías que se adivinan en las fotos.

Que reconozco su media sonrisa sin excusas.

Que quiero convencerme de que nuestros deseos convergen en un mismo punto y que aunque ya no nos hablamos, nuestros deseos viven conociéndose.

Que quiero explicarme su secreto.

Que quiero entender qué es Mina. Qué género o especie. Si es un súcubo, una bruja o un vampiro.

Que quiero saber si me hechizó, o si me dio una pócima o un bebedizo.

Que sigue siendo ella aunque ya no es la ella con la que yo dormía.

Que yo sigo siendo el mismo gilipollas que se enamoró de ella.

Que no es bueno quererla. Que no era bueno quererla.

Porque por los ojos le pasaban relieves de otros países.

Y entonces sus ojos grises eran de un gris de lluvia. Fríos e incómodos como un chaparrón

Que no era bueno quererla
Que yo por retenerla quise hacer de mi vida un lazo. Y que ella con una mirada lo deshizo

Que no era bueno quererla
Porque siempre se rió  de esta ridícula manía mía de escribir a todas horas

Que no es bueno quererla, ni mirar su perfil y ni siquiera disfrutar de este encallecido privilegio este orgulloso sufrir por ella.

Que no es bueno quererla y que, yo que olvidé su edad, pero no su humedad, moriría por una solo gota de agua de la suya, un solo cubito de hielo,

Y una sola palabra de consuelo.

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