“Hay por ahí un mito que dice que nadie escucha a Camela”

David Hernández

No se puede concebir la música española sin Camela. A lo largo de las dos últimas décadas, en algún momento, han formado parte de la banda sonora de nuestras vidas. Quien diga lo contrario, miente. Ya sea en su propia casa, en las fiestas del pueblo o en el coche de sus tíos. 24 años cantando al amor y al desamor a través de 16 trabajos discográficos. El más reciente, ‘Me metí en tu corazón’, recién salido del horno. Un álbum compuesto por 10 historias inéditas. La mitad, interpretadas por Dioni Martín y compuestas por su hijo Rubén y, el resto, por Ángeles Muñoz.

-Así damos el punto de vista de una mujer y de un hombre y repartimos el trabajo y la forma. – señala Ángeles. – Las canciones que Rubén hace recuerdan más a lo que siempre hemos hecho, es nuestra esencia pura. Después, yo le meto otro sonido más naturalizado.

-Ella en sus composiciones pone el punto de vista de una mujer. Sus vivencias en el amor y desamor. Rubén lleva 14 años componiendo con nosotros, empezó siendo un niño. Yo siempre he dicho que él nos trae aire fresco de la juventud de hoy en día. El primer amor, primer desamor… Ha sido un tándem estupendo. – añade Dioni.

-Llevamos trabajando así bastantes años. Nos gusta mucho y funciona bien. – dice Ángeles.

-Musicalmente, mantenemos todavía nuestra esencia, evolucionando los sonidos. Lógicamente porque los sonidos tecnológicos de hace 20 años no son los mismos que hay ahora. –comenta la voz masculina del dúo.

Camela-GreaseLa portada del LP es un homenaje a ‘Grease’. “Nos gustó la idea porque son dos enamorados y, como nosotros cantamos al amor, nos sentimos identificados,” explica Ángeles. No es la primera vez que rinden tributo al cine. Ya lo hicieron con las películas de Bollywood y con ‘Piratas del Caribe’. “Dentro de dos meses, los fans ya no nos van a preguntar para cuándo el próximo disco, ahora será, para cuándo el próximo disco y de qué nos vamos a disfrazar,” señala la cara masculina del dúo.

-Ese estilismo también lo mantenéis en el videoclip del single de presentación, ‘No pongas riendas a tu corazón’. Un canto al amor libre. –comento.

-La canción dice “amor, tú que no entiendes de sexo, de raza ni de religión.” Nos dicen que es como un nuevo himno gay. –responde Dioni.

-Mientras sea amor, para mí todo vale. Yo lo aplaudo. El amor no tiene nada de malo. –continúa Ángeles.

Nosotros cantamos al amor, al amor libre. Es un grito de libertad. –añade Dioni.

-Eso os lleva a ser uno de los grupos protagonistas del World Pride 2017 que se celebrará en Madrid.

-Vamos a actuar en concierto y también iremos en una carroza durante la manifestación. –revela Dioni.

-Nos lo pasamos en grande. ¡Las del Orgullo Gay son las mejores fiestas que se montan en Madrid! –exclama la voz femenina de Camela.

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La música ha ido evolucionando a lo largo de los años, pero la formación se ha mantenido fiel a sus raíces, su propio estilo musical. Quizá ésa haya sido su mayor aportación a la música nacional. La tecnorumba. Algo con lo que fueron capaces de arrebatar el top ventas a las mismísimas Spice Girls. Las británicas fueron número 1 en toda Europa salvo en España, donde el álbum más vendido era ‘Corazón indomable’. Las Spice Girls no lideraron la lista de ventas mundial por Camela.

-24 años de trayectoria, con más de 1.500 conciertos a vuestras espaldas y más de 7 millones de discos vendidos a lo largo de su carrera. ¿Cómo es posible, si nadie escucha a Camela? – pregunto con asombro.

-Eso dicen. –comenta Dioni entre risas. – Hay por ahí un mito que dice que nadie escucha a Camela.

-Es verdad, pero nunca nos lo habían dicho de esta manera tan simpática como lo has dicho tú. – dice Ángeles riendo.

-Es cierto que en nuestros comienzos había mucha gente que escuchaba a Camela y no lo decía. Parecía que en su ámbito social lo tenían oculto. Con el tiempo sí, han sacado pecho y dicen: “sí, escucho Camela, y me gusta.”

No sé por qué lo tapaban. Qué tontería. Nosotros no hemos matado a nadie, ni hemos atropellado a nadie… -añade Ángeles con gracia.

-Ahora los jóvenes lo reconocemos más. –reconozco. – Quizá también por nostalgia, por haber formado parte de la banda sonora de nuestra infancia. Sin ir más lejos, hubo una época en la que llegué a hartarme un poco de vosotros porque, cada vez que viajaba con mis padres, sonaba Camela en bucle. Ahora soy yo el que a veces os escucha en Spotify mientras cocino o en el coche de mi amigo Luis cuando vamos de excursión.

-Os habéis criado con nuestra música. Os recuerda a cuando erais pequeños. –dice Ángeles.

-Y que la gente va madurando también y dice por qué voy a callarme lo que a mí me gusta, lo que yo escucho, lo que yo canto… -añade su compañero. –Al que le parezca bien, bien, y al que no, pues nada.

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Camela comenzó como un grupo de tres amigos que componían y cantaban por diversión. Para que su música llegara a la gente, juntaron 200.000 pesetas que a ninguno le sobraban, esperando poder vender unos cuantos casetes y recuperar parte del dinero invertido. Así surgió ‘Junto a mí’, una maqueta de ocho cortes que se iba agotando por semanas. “Nunca llevamos esa maqueta a ningún sitio,” explica Dioni. “Yo vengo de una familia de vendedores ambulantes e iba con la caja de cintas, se la dejaba al vendedor y las maquetas se vendían en los mercadillos.” Así fue como, un día, una de esas copias cayó en las manos oportunas. “Llegó a una compañía chiquitita, nos llamaron y, nada más llegar a la entrevista, ya teníamos el primer contrato firmado.” Un año después, en 1994, veía la luz su primer trabajo discográfico: ‘Lágrimas de amor’.

Al tratarse de una disquera pequeña, el circuito de ventas también era limitado. No llegaba a los grandes almacenes. El disco se vendía en expositores, básicamente en mercadillos, bares y gasolineras. Para su sorpresa, consiguieron vender un millón de copias.

-¡Nosotros no éramos ni conscientes de lo que habíamos hecho! –exclama Dioni.

-¡Era una barbaridad! No sabíamos ni lo que eran los royalties. No sabíamos nada. La música era lo que nos gustaba y eso es lo único que sabíamos. –añade su compañera.

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Sin embargo, muchos medios de comunicación y “expertos musicales” se reían de Camela por sus orígenes. Por arrasar en los mercadillos y gasolineras. “Nos lo decían con rintintín,” admite Dioni. “Y parece que sólo éramos nosotros. EN los mercadillos vendía todo el mundo, hasta Michael Jackson,” recuerda Ángeles. “Para mí tiene el mismo valor que alguien compre un disco en una gasolinera que en un centro comercial,” añade su compañero. Lo que importa es que ahí estaban. Camela vendía cientos de miles de copias. Muchos intentaron silenciarlos. “Pensaban que éramos pan para hoy y hambre para mañana,” señala Dioni. Se equivocaron. 24 años después, ahí siguen, publicando nuevos discos con temas inéditos y llenando conciertos.

-Sinceramente, creo que era más complicado vender un caset en una gasolinera o un bar, que en un centro comercial, donde podías escucharlo antes de comprarlo. Eso significa, que vuestro éxito se debió al boca a boca.

Después del segundo disco, ‘Sueños inalcanzables’, ya con la demanda creada, entramos en El Corte Inglés, tanto con el nuevo como con el anterior. La gente lo pedía. Con el segundo y con el tercero, ‘Corazón indomable’, fuimos número 1. –recuerda Dioni.

-Luego empezamos a viajar, pero sin poder disfrutar de los sitios, porque íbamos sin tiempo. Teníamos una gira tan apretada… Algo nuevo, fresco, nos querían en todos los sitios. – afirma Ángeles.

-Tiene que sentar un poco mal la falta de reconocimiento. Después de vender tantos discos y de vuestra aportación a la música. Porque aunque pueda gustar más o menos, sois creadores de un estilo musical propio, la tecnorumba.

-Tampoco nos da rabia. Podemos llegar a entender la razón. La gente que no apostaba por nosotros sabe que se equivocaron y reconocer que se equivocaron a muchos les cuesta. Pero no los culpamos. –señala Ángeles con mucha humildad.

-Cuando veíamos los Premios de la Música, se los daban a muchos compañeros y amigos y, la verdad, que pocos daban que no los merecieran. Pero nos extrañábamos y pensábamos: “¿por qué no nos lo darán a nosotros, si ése ha vendido 50.000 discos y yo medio millón?” – se preguntaba Dioni. –Nosotros no estábamos ni nominados. Pero luego te das cuenta de cómo funciona todo y que lo importante no es el reconocimiento de los entendidos musicales sino el apoyo y el cariño del público. Es el verdadero y el más auténtico de los reconocimientos.

La gente en la calle nos quiere muchísimo y nos respeta muchísimo. –señala Ángeles. –Y eso lo vivimos en cada concierto que hacemos. Seguimos llenando con gente de todas las edades, desde niños hasta abuelas. El cariño que nos tienen y nos demuestran año tras año, no se puede comparar con ningún premio de la música. Ninguno. Ni Grammy ni Gramma, ni nada de nada.

 

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