Ligar con una Bebé

Soy Un Loser

El viernes salí a tomar algo con David. Él había quedado con una Aspirante a Cantante y sus amigos en una terraza de Malasaña

Cuando llegamos yo me quede embobado mirando a la Aspirante a Cantante (en adelante, la AAC para entendernos), la chica era tan llamativa como si la estuvieran enfocando como un reflector. Solo podías mirarla a ella. Tenía el pelo por la cintura, pero no un pelo mal cuidado y estropajoso como el de Eme, no. Un pelo pantén, reluciente, lustroso, de esos lavados con champú caro y suavizante y de horas de plancha y cepillados, y que parece que hacen frufrú, y con reflejos dorados, y los ojos espectaculares (digo yo que eran lentillas de colores y pestañas postizas, aquellos ojos eran demasiado perfectos como para no tener truco), y la cara divina (maquilladísima, claro), y las piernas perfectas, y… bueno, era como recién sacada de una revista. A cada lado estaba sentado un hípster que también parecía sacado de una revista, intercambiables ellos: la misma barba, las mismas gafas, el mismo corte de pelo, los mismos zapatos, diferente jersey, eso sí. Ambos embobados con ella. Luego había un tío anodino. Y después una chica que hubiera sido una maravilla de chica si no hubiera estado cerca de la AAC. La AAC era tan radiante que eclipsaba a la otra chica.

Nos sentamos en la mesa, en los asientos que nos quedaban. David se puso a hablar con la AAC con la mayor naturalidad. No parecía en absoluto impresionado por ella porque ya la había entrevistado. Yo me senté al lado de la chica divina. En circunstancias normales me hubiera quedado completamente cortado al sentarme al lado de una chica tan mona a la que no conocía de nada pero ya he dicho que el hecho de estar al lado de una mujer 10 rebajaba a esta chica, que hubiera sido una 10 en cualquier bar de Bilbao, inmediatamente a la categoría de seis y la colocaba, por azares del destino, en alguien accesible (más o menos) a un tipo gordo y bajito como yo.

La chica debía tener veintipocos años y era un auténtico bombón. Morena, de melena corta y lisa,  tenía una cara perfecta, preciosa, de facciones regulares, ojos color  café, naricita de almendra y boquita de piñón. Uso las metáforas culinarias porque de verdad era para comérsela.

Pero iba borracha. Apestaba a alcohol, sobre todo cuando me acercaba a ella y arrastraba las sílabas al hablar, como si fuera gangosa.

-¿De dóooooonde eres? ¿De bilbaaaaaaao? Ay, quéeeeee graciooooooso. Mis paaaaaaadgggges son vaaaascos, también

Era un poco complicado hablar con ella, pero me vine a enterar de que sus padres eran de Bilbao, pero que habían venido a vivir aquí cuando era pequeña, que trabajaba en una empresa y que el miércoles se iba a Bilbao a ver a su novio.

Para decir esas cuatro cosas se tiró así como una hora y media.

Luego se empeñó en que la agregara al Facebook, vete tú a saber por qué. Igual porque pensaba que necesitaba amigos o había hecho una apuesta por tener más amigos. Y la agregué.

Al rato nos dijeron de ir a otro bar. Nos levantamos todos. La AAC y sus admiradores se adelantaron. David y yo seguimos con la Bellísima Borracha (en adelante, BB, Bebé para entendernos), que iba literalmente haciendo eses. Literalmente. De repente Bebe dijo que tenía que parar, se apoyó en una esquina y se puso a vomitar.

Intentamos avisar a la AAC y su séquito pero habían desaparecido. Evidentemente la Bebé les importaba cero y menos.

-Mira, nena, creo que necesitas un café – dije yo.

Tuvimos la suerte de que nos encontramos un café justo al lado.  El bebé sacó del bolso un neceser y anunció muy solemne.

-Me voy al cuarto de baño a lavarme los dientes.

Y hacia allí que se fue.

Esta chica o vomita muy a menudo o duerme a menudo fuera de casa.

Cuando llegó, le teníamos el café preparado.

-Yo no quiero un café – dijo la Bebé- Yo quiero una cerveza, y quiero que vayamos al Tempo.

-Mira guapa – le dije yo- Yo voy contigo al fin del mundo si hace falta, pero primero te tomas un café.

-¿Me prometes que si me tomo un café te vienes conmigo al Tempo?

-Te lo prometo.

-Vale.

Y se bebió el café como una buena chica.

Luego fuimos a sentarnos en una mesa los tres.  La Bebé, tras la vomitona y el café, parecía mucho más relajada.

-Os invito a los dos a lo que queráis. Venga ¿qué queréis?

-No hace falta  – dije yo – Además,  no parece que tú necesites beber más.

-¡Sí quiero beber! ¡Que es mi cumpleaños!

– ¿Es tu cumpleaños? – pregunté yo.

-¿Cuántos cumples? – preguntó David.

-Treinta y cuatro – dijo ella.

-Anda ya – dije yo.

-¡Ni de coña! – dijo David.

-Que sí – dijo ella- Que sí, que sí, os lo juro, de verdad…  ¿Os voy a tener que sacar el DNI? Anda, que… Siempre lo mismo.

Abrió el bolso, extrajo la cartera, sacó el DNI y nos lo enseñó. Cumplía treinta y cuatro años.

-Estoy harta, harta.

– ¿Harta de qué?

-Harta de parecer una niña. En el trabajo me tratan como si fuera tonta. Gestiono cobros, llevo un departamento muy difícil, de verdad, y todo el día, niña por aquí, niña por allá, es humillante, no lo puedes imaginar, y muchas entrevistas estoy segura de que no las he pasado porque no he dado la talla. Y con los tíos, ya lo habéis visto. Esos dos ni se han enterado de que existo. Se han ido siguiendo como patitos a la jaca ésa, no se han dado ni cuenta de que me ido con vosotros, o se han dado cuenta, pero les da igual. Es que no aguanto más, de verdad. Cualquier día me pongo tetas.

-Anda no digas tonterías- dije yo.

-No digo tonterías – dijo ella.

-Pues harías una locura- seguí yo – porque no te he visto las tetas pero así a primera vista seguro que las tienes preciosas pero aunque las tuvieras feas , que lo dudo, porque es imposible que las tengas feas, aunque las tuvieras en forma de pera, aunque tuvieras dolo dos botones, mira lo que te digo,  con esa cara, con ese pelo, con esos ojos, daría completamente igual las tetas que tuvieras, ningún tío pensaría en tus tetas, porque eres tan guapísima que qué más da como tengas las tetas porque tienes la inmensa suerte de que a ti te van a follar siempre mirándote a la cara, y no muchas tías pueden decir eso, ¿sabes?, así que deja de decir memeces, por favor, guapa, porque si te pones unas tetas de plástico vas a dejar de ser una preciosidad al natural para pasar a ser una  cualquiera de las mil chonis con tetas de plástico que hay en el mundo y vale, puede que pilles más tíos, pero si lo que quieres es pillar un tío que valore tus tetas de plástico más de lo que tienes en la cabeza entonces no sé para qué coño me dices que no quieres que en el trabajo te llamen nena ¿me explico?

-Te explicas perfectamente – dijo ella.

Entonces se levantó. Todavía iba haciendo unas ligeras eses. Pensábamos que iba al baño, pero qué va, cogió una silla, y se sentó al lado de mí. Se acercó cada vez más y entonces me besó. Me besó en la boca. Un beso muy pequeño . Un pico. Yo le devolví otro. Ella otro a mí. Empezamos tanteando. Y a los dos minutos nos estábamos morreando en toda regla.

Continuará mañana.

La cancióncita de hoy…

https://bandcamp.com/EmbeddedPlayer/album=2429323784/size=small/bgcol=ffffff/linkcol=0687f5/track=2374338999/transparent=true/

Tengo una forma de dar que parece pedir 
y problemas de sueño. 
Prometí más de lo que ahora puedo cumplir. 

No me he tomado en serio 
los consejos que dan terapeutas con más formación que criterio. 

Y me da por reír cada vez que visitamos un cementerio. 
Me parece que voy a tener que pedir audiencia en el infierno. 

Mira cómo desmonto los dogmas sin pestañear. 
Retumban las trompetas que anuncian el juicio final. 
La culpa es siempre mía, eso pasa por preguntar. 
Dime que te arrepientes. 

Esto de tener el deber de asistir por igual al rico que al enfermo 
acabó con mis nervios, ya no aguanto más. 

Ahora queda moderno, pero no opinarías lo mismo de un hipster hace dos milenios. 

Lanzarías la piedra antes de preguntar, serías el primero. 
Que si de algo me han servido los Evangelios ha sido de ejemplo. 

Mira cómo desmonto los dogmas sin pestañear. 
Retumban las trompetas que anuncian el juicio final. 
La culpa es siempre mía, eso pasa por preguntar. 
Dime que te arrepientes. 

Te garantizo el cielo.

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