“¡La vida religiosa femenina es un puntazo!”

David Hernández

Bajo la sombra de los centenarios y afrancesados edificios del barrio madrileño de Chamberí camina Damián. Vestido con un polo de rayas y lunares y pantalón vaquero, camina deprisa. Gafapasta, con el pelo rapado por los laterales y flequillo largo, y su mítico pin de fieltro con forma de corazón, entre el hipster y el moderno de Malasaña, nadie diría que es un cura. Lo es, pero muy atípico. Los domingos, celebra una misa juvenil nocturna y, entre semana, algún que otro concierto.

Lo que le diferencia de cualquier chico de su edad es que celebra la eucaristía, tiene su momento de oración diaria, la comida para él es un momento de reunión comunitaria con el resto de sacerdotes y las reuniones típicas ligadas a su vocación religiosa. El resto de su tiempo, lo intenta ocupar en cosas creativas, como la música. También sale a correr por las MOTV-Padre-Damian-1tardes. “Voy caminando al Retiro, luego corro y, después, vuelvo,” explica. “A principio de curso, me dio por ir al gimnasio, pero no duré más de dos o tres sesiones. ¡Lo del gimnasio no es lo mío!” Cuando está en su cuarto, le gusta buscar música nueva en YouTube o leer, aunque nada de novela. “Tengo que leer cosas intensas. Me gusta leer filosofía, cosas sobre antropología, biografías…” Y, aunque no le gusta el cine, el teatro es una de sus pasiones. “Si hoy viviese, sin duda, sería fan absoluto de Federico García Lorca,” comenta. De hecho, en su habitación tiene dos imágenes muy importantes para él, la Madre Teresa de Calcuta y García Lorca.

Granadino, como el dramaturgo, de pequeño dirigió un pequeño grupo de teatro. La primera obra que representaron fue ‘Bodas de Sangre’. “Me parece que expresa muchísimo, es como sacar la raíz más honda de la persona,” explica. “Será por eso de ser de Granada, que desde pequeño, todos los poemas que leíamos en el cole eran de Lorca.” Pero también en casa escuchaba esos poemas, a través de la voz de su abuela, Elisa la del Horno, cantaora flamenca. “Muchos de sus cantes estaban basados en poemas de Lorca.”

En sus inicios, Damián siguió los pasos de su abuela, como cantaor. Después, poco a poco, fue cambiando de estilo hacia el pop. Es un cantante multidisciplinar, capaz de controlar diferentes estilos musicales. Y así lo demostró cuando decidió participar en ‘La Voz’.

Ahora, acaba de lanzar nuevo videoclip, ‘Nada imposible’, su primer single en español, cuya recaudación irá destinada a un fin solidario.

-Mi congregación tiene una ONG, Asociación para la Solidaridad, y ahí va destinado. -Este año, estamos trabajando el tema de la mujer y hay un proyecto en Ciudad Juárez, en México, que es para ayudar a las mujeres que ejercen la prostitución o están metidas en redes de trata a salir de ellas a través de microcréditos para hacer cursillos. Y ahí va destinado. La recaudación de las visualizaciones en Vevo va íntegra y, de las descargas en iTunes y GooglePlay, va un porcentaje. – me cuenta, mientras da un sorbo a su Nestea.

-El vídeo tiene cuatro protagonistas muy especiales.

-Narra cuatro historias de superación. Una chica con síndrome de down, que es de la parroquia; se llama Bea. Todos la conocemos y la queremos muchísimo, con lo cual, el verla en el vídeo nos toca más el corazón. También la historia real de un jugador de baloncesto en silla de ruedas. Otro personaje es un inmigrante africano que cuenta cómo está vendiendo en la calle bolsos falsificados y cómo de repente encuentra trabajo. Y la última es la historia de una mujer que supera el cáncer. Historias reales que intentan conmover un poco y mover el corazón de la gente.

-El single anterior llamaba mucho la atención, ‘Story of my life’ de One Direction. ¿Por qué ese cover?

-Son cabezonerías mías… – se queda pensativo con una sonrisa pícara y confiesa – ¡Me encanta la música adolescente! –nos reímos. – Soy súper fan de Auryn, de Justin Bieber, de One Direction, de Abraham Mateo, de Calum, de los Gemeliers… Entonces, cuando pensé en el primer tema, pensé en esa canción. Me gustaba mucho cuando se la había escuchado a One Direction, después vi muchas versiones, y dije “¡ostras! Narra una historia bonita.” Yo creo que detrás de mi propia historia hay un montonazo de cosas interesantes y quería cantar eso, la historia de mi vida al mundo y, además, con esa canción que me parecía un poco provocadora por el hecho de ser una canción que había sido cantada por un grupo de adolescentes.

-Para provocadora, Sister Cristina, cantando ‘Like a virgin’ de Madonna.

-Provocador es, pero yo la entiendo. El voto de castidad para nosotros se entiende en las mujeres también como voto de virginidad. Para una religiosa decir la palabra virgen tiene mucho sentido para ella, igual que para nosotros decir que somos célibes o castos. Son palabras que para nuestro siglo sólo suenan a un ámbito, que es el sexual, pero para una religiosa no. Llamarse virgen es llamarse entregada a Dios y esas cosas. Entonces, cuando ella canta esa canción de Madonna, sin justificar el estilo, que a mí me pueda gustar más o menos, entiendo que la letra se puede llegar a entender como la historia de una religiosa que ha sido tocada por Dios.

-¡Eso es mucho imaginar! Sabiendo que la cantaba Madonna…

-¡Después de escuchar a Madonna! Pero si tú no escuchas a Madonna y haces el esfuerzo por decir “no pienso en Madonna” y oigo la letra directamente cantada por una religiosa…

-Hablando de monjas… ¡Ellas son tus mayores seguidoras!

-Sí. – se ríe.

-¿Cómo son las monjas como fans?

Se ríe soltando una enorme carcajada y responde:
¡La vida religiosa femenina es un puntazo! A mí me gusta mucho. Primero, muy divertidas. Muchísimo más divertidas de lo que parece. Son comunidades súper divertidas. Quizá un poco tendiendo a algo infantiles…

-¡Cuidado con lo que vas a decir! – le advierto, sabiendo que sus palabras pueden traer polémica en el ámbito eclesiástico.

-¡No! No pasa nada. Igual que en las masculinas. Nosotros también podemos tender a ese borde más infantil. No deja de ser divertido que una vida entregada supone una alegría constante y vital. No sé, a mí me provoca mucha ternura. Cuando canté en el Vaticano, todo estaba lleno de monjas. Y es súper bonito y divertido ver a todas las monjas ahí animando.

 

Misionero en Calcuta

Hemos hablado de ‘Story of my life’. El padre Damián comenta que, salvo que da misa los domingos, lleva la vida normal de un chico de 30 años. Pero no es así. Aunque salga de cena con sus amigos, le encante el parque de atracciones y se vaya a un concierto de vez en cuando, ha tenido que renunciar a muchas cosas para ser misionero. Desde pequeño, ya quería ayudar a los demás. “Estudié con los agustinos en Granada y, de vez en cuando, venían misioneros que nos hablaban de lo que hacían. Era un ámbito muy atractivo,” explica. “En el momento de la confirmación, fui a dar a una parroquia de la comunidad redentorista, que es de misioneros. Su carisma en medio de la Iglesia es directamente y estrictamente misionera. Fui a caer en esa comunidad y me enganchó. Me sorprendió que era gente normal, que hablaban mi mismo lenguaje y trataban de vivir lo que yo soñaba, que, en algún momento, después de la formación, podría irme de misión.”

-¿Cuándo fue tu primera misión?

-En 2004, a los 19 años. Fue en España, en unos pueblos perdidos de Granada. Yo era postulante todavía, pero ya estaba dentro de la comunidad.

-¿Qué hace un misionero en nuestro país?

-Renovar comunidades. Vamos a un pueblo durante 15 días. Visitando familias, enfermos, reuniones de niños, asambleas familiares, nos reunimos en las casas de la gente… Intentamos crear de nuevo entusiasmo por la vida de fe y nos marchamos. ¡Le dejamos al párroco el marrón! – comenta riendo. – Es bonito. Muy chulo.

-¿Después qué hiciste?

-Estuve en Italia, haciendo el noviciado, cerca de Nápoles, donde nació la congregación. A la vuelta, me enviaron a Madrid a estudiar teología durante tres años. Y luego, lo que llamamos el año de pastoral o año de misión.

-Y ahí es cuando te vas a Calcuta.

-Siempre me había llamado la atención la imagen de la madre Teresa, desde muy pequeño. Ya en el colegio, soñaba con ese objetivo. ¡Y lo viví! A la vuelta me tocó vivir en Mérida un tiempo. Y ya me vine a Madrid al Perpetuo Socorro.

Padre-Damian-misionero.jpg

-¿Cómo fue la experiencia en Calcuta? Tuvo que ser duro.

Fue muy duro. Al principio, me costaba acostumbrarme a ciertas cosas. Me desestabilizó mucho… – sin perder la imborrable sonrisa de su rostro, su tono de voz se va volviendo más serio. – Todos los roles humanos que yo tenía en la cabeza allí no se vivían. Gestos que para mí eran habituales allí se vivían de otra manera. Tienes que cambiar toda tu lógica para comenzar de nuevo. El primer día, yo iba en la furgoneta del aeropuerto a la casa, y lo que veía en la calle pensaba: “esto no lo he visto ni en una peli.” Familias enteras en la calle… Era muy chocante. También había cosas positivas, como la vivencia con los otros voluntarios. – su tono de voz se va tornando más positivo. – En Calcuta, hay muchísimos. Cada semana, se habla de 300 nuevos voluntarios. Luego, cuando te adaptas, lo que cuesta es volver. Cuando ya te has hecho a la vida india y vas con pantalones bombachos, lo que cuesta es volver y ponerte un vaquero. – nos reímos.

-Todas experiencias imagino que son las que hacen que los sacerdotes que habéis sido o sois misioneros tengáis una mentalidad más abierta y veáis la vida de forma diferente.

-En eso, coincido contigo. Desde que estuve en misión, tengo un leitmotiv: “La misión configura.” La persona que ha estado en contacto con esas realidades, luego, viene a Europa y se deja de tonterías. Has visto tanto sufrimiento, tanto dolor, y has visto otro tipo de liturgias donde se danza, se canta, se dan palmas, la gente sonríe… Dices, vale, y esto también es Iglesia católica. Luego, llegas a Europa, pues dices: “Damián, déjate de tonterías, que Europa será lo que sea, pero tú has visto otra cosa que también es Iglesia.”

padre-Damian-misa.jpg-Por eso tu misa es más alegre de lo habitual.

-En mi parroquia, hay 10 misas cada domingo. A mí me han ofrecido la misa de jóvenes. Para jóvenes y con jóvenes. Está pensada con ellos, que son quienes se encargan de la liturgia, de pensar en algún símbolo, de representar el evangelio a veces, de leer… Eso ya le da un toque distinto. Ellos participan y se encargan de hacer una misa que les toque el corazón.

-Pero no todo el mundo está de acuerdo con tu estilo.

-A alguna gente le molesta. Dicen: “no nos sentimos a gusto aquí.” ¡Vale! Hay otras 9 eucaristías. En concreto, ésa está pensada para los jóvenes.

Has dicho que después de lo que has vivido, te dejas de tonterías. Pero es cierto que, aún, dentro de la Iglesia, hay personas que hablan de más. Sobre todo, muchas veces, gente que ocupa puestos importantes: obispos, cardenales… Cuando dicen ciertas cosas, más extremistas, ¿qué piensas? Porque esto, a los jóvenes como tú, os afecta. Es más, en una ocasión me comentabas que vuestra principal misión es quitaros etiquetas.

-¡Claro que nos afecta! Todos somos Iglesia y esto no es algo que decimos porque quede bonito. Entonces, si alguien dice algo, para bien o para mal, afecta. A veces, yo me llevo las manos a la cabeza y pienso: “¡Ostras! ¡¿No hubiera estado mejor no decir nada?!” A veces, es una lucha constante. Una tarea fundamental hoy de los sacerdotes es quitar etiquetas. Las etiquetas que la sociedad nos ha puesto, a veces, porque nos la hemos ganado. No hemos sabido transmitir, y eso aparece también en ‘Palabra de Francisco’. No nos podemos quitar culpa porque no hemos sabido transmitir lo que vivimos. A veces, nos han caído etiquetas. El problema es que ya algunas de esas etiquetas se quedan pasadas y la gente tampoco da oportunidades a decir “no, no, tranquilos.”

-Pero es que se contradicen constantemente. Por ejemplo, muy habitual, el tema de la homosexualidad. Un día el Papa Francisco dice que hay abrir la Iglesia a las personas homosexuales, que todos somos iguales e hijos de Dios. Suelta su ya famosa frase: “¿Quién soy yo para juzgar a los gais?” Y días después, sale el Obispo de Alcalá diciendo todo lo contrario. Por tanto, es una constante lucha entre quienes tenéis una mentalidad más abierta y sectores de la Iglesia que están mucho más atrás.

-A mí me gusta pensar sobre esto lo que viví en India o en Honduras. Y la experiencia que me dejaron es que la Iglesia es plural. Entonces, igual que en política hay distintos modos de concebir la vida social, la vida económica…, dentro de la Iglesia, sea bueno o sea malo, también hay distintos modos de recibir el Evangelio. Eso a veces nos lleva a ser poco testimonio, porque no vamos todos a una. Pero también a ser testimonio positivo porque no somos todos cortados por el mismo patrón. ¿Qué pasa? Que la gente sólo toma como Iglesia lo que ve en la tele. Y no se plantea que pueda haber una religiosa que no lleve hábito. “Las monjas llevan hábito, porque es lo que vemos en la tele.” No, no. El 90% de las monjas que conozco del barrio (Chamberí) no llevan hábito. Y tienen una mentalidad distinta. La vida religiosa no es sólo la que se ve por la tele. Tiene muchísimo más. Y eso no deja de ser bonito. Aunque te la juegas.

o-PADRE-DAMIAN-LAVOZ.jpg

-Ya que has mencionado la tele, ¿cómo decides dar el salto y participar en ‘La Voz’? Teniendo todas esas etiquetas de las que venimos hablando.

-Superando miedos. En la primera edición, ya me quise presentar. Al final, es verdad que todavía no era sacerdote, no lo vi muy claro, tampoco era el momento, y no accedí. En esta tercera, porque Sor Cristina se había presentado antes. Pensé: Si la han liado en Italia, ¿por qué vamos a ser menos en España?” Y luego la conciencia que, desde pequeño, me he formado en música. He ido al conservatorio, he ido a clases de canto… No es que ahora me invente esto porque quiera ser un cura molón. No, no… es que de pequeño he cantado. ¿Por qué no voy a tener la misma oportunidad que cualquier otra persona que se presenta? ¿Que luego mi perfil puede ser también un atractivo…? Vale, lo reconozco. Pero si algo se garantiza en este programa es que no desafine. O sea que, por lo menos, tengas una voz medianamente interesante. Entonces, superando miedos, los que puedan surgir desde dentro y desde fuera. Y salió bien, porque más que críticas, recibí apoyo.

-Pero dentro de la Iglesia sí ha habido alguna que otra crítica. De hecho, había gente que te decía que qué hacías en la televisión, que era un lugar lleno de pecadores, un lugar de pecado… ¡Se imaginan la tele como una especie de lupanar!

-Sí, claramente. Hay gente muy cerrada, incapaz de comprender otra postura, otra visión, que no sea la suya. Entonces, tampoco merece la pena esforzarse por cambiar esas mentalidades. Yo lo que tengo claro es que no toda la gente comparte esta misión. Para mí es una misión igual que otra.

-¿La televisión es un lugar de pecado?

-¡A mí no me lo parece! Además, parece que hay religiosos que no leen el Evangelio. Si lo leo, yo lo que veo es que Jesús comía con pecadores, Jesús iba con gente a la que otros habían puesto etiquetas… Y yo quiero parecerme a Jesús, en mi siglo, en el siglo XXI. La tele no es un lugar de pecado. Le ponen esa etiqueta. Y si lo quieren ver a sí, pues bueno, Jesús también comía con pecadores.

-Dices que para ti esto es una misión más. ¿Qué pretendes conseguir a través de la música?

-Eliminar etiquetas. Que en un futuro, si piensan en Iglesia, no piensen sólo en lo negativo, sino que digan, vale, pero yo conozco gente que apuesta por otra cosa.

-¿Ha habido algún momento en el que hayas estado tentado a echar la toalla?

Ha habido momentos difíciles, sobre todo, por esta cerrazón de algunas personas. Pero no me he planteado en ningún momento decir: “no continúo.” Yo soy muy cabezón y, además, un poco impaciente. Lo que sueño, lo tengo que cumplir en un periodo corto de tiempo.

-¿Cuáles van a ser tus próximos pasos?

Mi idea era hacer un disco. Con los medios que teníamos, podía haberlo hecho, pero no hubiera superado los estándares de calidad, como suelen hacer la mayoría de grupos religiosos. Prefiero ir a paso de tortuga, pero ir ofreciendo calidad. No me interesa ahora un disco que, de repente, se convierta en el hit de las parroquias o de los grupos católicos, sino en música que poco a poco se vaya colando en las casas de la gente.

-Sí, porque a pesar de que tú seas sacerdote y a pesar del logotipo de The Beats, no sois un grupo de música religiosa.

-Yo no hago música litúrgica, que sirva para una misa. Hago música con un fondo, con valores, eso sí. Pero no digo la palabra Dios ni la busco en mis canciones. Mi misión es anunciarlo, pero donde aparentemente no está.

-En alguna ocasión, has dicho que querías volver a las misiones.

Ahora está complicado. Es un momento en el que este tema de la música, o lo vivo a fondo, o no lo voy a vivir con más años. En ese sentido, mi congregación me ayuda muchísimo. Ellos asumen que estamos en un momento chulo y yo estoy en una edad bonita para hacer esto. Pero, en el futuro, cuando sea más mayor, sí me gustaría mucho vivir un tiempo largo en misión.

Anuncios

2 comentarios en ““¡La vida religiosa femenina es un puntazo!”

  1. Tenemos un sacerdote misionero y cantante. Porque no? Gracias Padre por su valor, ayúdalo a perseverar a crecer en la fe en tu amor y en tu Palabra. Que así sea. Desde Caracas muchas bendiciones. Saludos

    Me gusta

  2. A pesar de mi lejanía con respecto a la Iglesia, qué bonito poder comprender cuando habla de que Dios está en su música aunque no lo nombre. Para mí la música en sí misma es lo divino, puesto que consigue conectar a las personas y que compartan valores, sentimientos e ideas por muy lejanas o distinas que sean ^^ Muy bonita entrevista.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s