La habitación de Jesús: Horas

Ikeli O’Farrell

Las persianas siguen bajadas hasta el fondo y dentro de mí todavía es octubre.

Como cualquier día de la estación el color marrón predomina con fuerza sobre los demás y el suelo está lleno de hojas que bailan cuando soplo, cuando suelto ese suspiro de alivio pensando que mañana sólo será un día menos.

Detrás de las paredes se escuchan golpes muy fuertes y a veces no lo entiendo, intento entenderlo pero cuando me acerco y pego la oreja se convierten en calma y caricias parecidas al sonido del mar. Cuando me vuelvo a alejar vuelven la turbulencia, los gritos y el socorro.

El sol se duerme siempre por la misma esquina y los pájaros le acompañan muy despacio, con sigilo. Ellos saben de la estancia en atardeceres, de la fragilidad, de lo estrecho al final de todas las carreteras.

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